La región donde mueren los niños

Los niños son los más afectados por la sequía y hambruna que afecta al Cuerno de África.

Al campamento de refugiados de Dadaab en Somalia, el más grande del mundo, llegan miles de niños estrujados por el hambre y la sequía más áspera en más de medio siglo. Sus vidas se diluyen en un río de muertos que aumenta: cada día mueren entre 100 y 200 niños en el Cuerno de África, entre 35.000 y 65.000 el último año.

La mayoría no tiene más de cinco años y más de la mitad de su vida han estado huyendo de las tierras estériles que desde hace dos años estrangula a países como Somalia, Kenia y Etiopía.

A pesar de que organizaciones internacionales vienen denunciando el tema, la situación se deteriora: la tragedia afecta ya a 13 millones de personas del este de África.

“Los niños llegan en muy malas condiciones. Prácticamente se nos mueren en las manos, se te van entre los dedos”, comenta a la BBC Christopher Karisa, médico en el campamento.

“Son tantos que no puedes parar a averiguar su historia. Tienes que seguir con el siguiente para ver si alguno se salva”, detalla. El 35% de los menores de cinco años que logran sobrevivir presentan un cuadro de desnutrición severa.

Cifras de muertes

En cuanto a las cifras de muertos, éstas varían según el organismo pero todos coinciden en que es una montaña de dimensiones incalculables.

El Departamento de Desarrollo Internacional (DFID) del Reino Unido señala entre 50.000 y 100.000 muertos durante 2011, más de la mitad niños, mientras que el gobierno estadounidense afirma que en sólo tres meses (de mayo a julio) murieron más de 29.000 menores.

“El país más afectado es Somalia porque no tiene un gobierno central que funcione. Está en manos del grupo islamista Al-Shabaab que no tiene buena relación con los organismos de ayuda internacional. Aún no sabemos que está pasando en el centro y en el sur del país, nadie ha podido entrar”, explica Yosuf-Garaad Omar, editor del servicio somalí de la BBC.

Lentitud y falta de reacción

Decenas de miles de esas muertes se podrían haber evitado si la comunidad internacional, los gobiernos donantes y los organismos humanitarios hubiesen respondido antes y más rápidamente, denuncian las ONG Oxfam y Save the Children en el informe A Dangerous Delay (Un peligroso retraso) que acaban de presentar.

“Los más pobres siguen siendo los más afectados por la falta de respuesta rápida y decisiva”

Barbara Stocking, directora ejecutiva de Oxfam

“Las agencias de ayuda tardaron seis meses para actuar sobre las advertencia de hambruna inminente”, señala el informe.

A la falta de compromiso de gobiernos como los de Kenia y Etiopía, que no estaban dispuestos a admitir la magnitud del desastre, y el bloqueo de Al-Shabaab en Somalia, las ONG suman la lentitud de las agencias.

“Menospreciaron la situación porque pensaban que era un problema que ya habían atendido antes”, señalan.

Cuando comenzó la ayuda a gran escala, en julio de 2011, “las tasas de desnutrición en el Cuerno de África ya habían cruzado el umbral de emergencia”.

La desnutrición no se detiene

Las tasas de desnutrición de algunos países del este de África ya rebasaron el umbral considerado crítico.

La tasa de desnutrición aumentó en Somalia del 16,4% al 36,4% en 2011. El 15%, considerado como punto crítico, se sobrepasó a principios del año.

Save The Children encontró que las familias de las zonas más afectadas están luchando con un tercio menos de alimentos, dinero y combustible de lo necesario para sobrevivir.

“Es sorprendente que los más pobres siguen siendo los más afectados por la falta de respuesta rápida y decisiva. Todos somos responsables de este peligroso retraso”, señaló a la BBC Barbara Stocking, directora ejecutiva de Oxfam.

Justin Forsyth, director ejecutivo de Save the children, recordó a los niños, los más afectados de la sequía.

“No podemos permitir que esta situación grotesca continúe. El mundo sabe que es una emergencia pero la ignora hasta que ve en la televisión la imagen desesperada de miles de niños desnutridos”, comentó a la BBC.

El informe concluye que, aunque la sequía provocó la crisis del este de África, los factores humanos la convirtieron en un desastre.

Redacción

BBC Mundo

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