Esposa de Arhuaco tuvo trillizas, pero este no reconoce a dos bebés

Por: YANITZA FONTALVO

Trillizas

Glenys Cenith, madre de las trillizas.

Foto: Archivo particular

Él insiste en que solo una de las recién nacidas es su hija. Drama de madre en Valledupar.

Luis Daniel Torres, un indígena arhuaco de 20 años que habita en la vereda San Pedro, ubicada en lo alto de Pueblo Bello, Cesar, en las faldas de la Sierra Nevada de Santa Marta, aún no asimila que es padre de trillizas.

Tampoco lo entienden sus vecinos, que propagaron rumores en torno a la situación que viven él y su esposa Glenys Cenith. “Tal vez estuvo con tres hombres distintos”, “esas niñas son fenómenos de la naturaleza”, “fue un castigo de los dioses”, comentan.

Sin embargo, para el padre de las niñas, quien trabaja como jornalero en cultivos de café, no ha sido fácil entenderlo. En su lengua nativa manifesta: “yo solo hice un hijo, sólo la morenita es mía”, con una convicción propia de los hombres de su cultura que no permite discusión.

Hoy, dos meses después, no ha habido ni médico, ni psicólogo, ni poder humano que lo saque de su convicción.

Ese es el drama que vive Glenys Cenith Zapata Niño, una mestiza de 21 años que en una relación anterior tuvo una niña que ahora tiene tres años.

Luego conoció a Luis Daniel en la finca en la que habita en San Pedro, se enamoró y, tras vivir a plenitud sus amores, no demoró en quedar embarazada. Esta nueva situación los unió, pero ella siguió viviendo con sus padres. Fue un embarazo normal, nunca hubo un control médico, y ella no dejó de realizar los quehaceres del campo hasta el momento del parto.

Entonces su padre, que aprendió, como lo dicen en su entorno, a “jalarles la cabeza a los bebés”, se dispuso a atenderle el parto con complacencia.

Recibió la primera bebé, pero al tratar de sacar la placenta, sorprendido, manifestó “aguaite que viene otro”, y ante el asombro de los presentes, otra más salió a la vida. Allí no sabían si reír, o llorar.

Las recién nacidas

Kelly, Keini y Keila nacieron sanas, y con ese instinto de supervivencia propio de los seres del campo y la fortaleza de su cultura indígena, por eso, pese a que en un principio pasaron las vicisitudes de un lugar hostil para unas prematuras trillizas, sólo tuvieron un problema: los pechos de su madre, no eran suficientes para alimentarlas.

Bajas de peso, llegaron al Centro Nutricional del Hospital Rosario Pumarejo de López. Hasta allí las acompañó receloso Luis Daniel, con quien médicos y enfermeras hablaron para contarle que sus niñas eran un regalo de Dios y no un desorden de la naturaleza, pero nadie lo pudo convencer.

Iracundo partió a su pueblo y no ha regresado más, mientras que Glenys, quien como su marido jamás había salido de su pueblo, tampoco entiende muchas cosas, sin comprender porqué, vive su propia tragedia.

Luego de dos meses de permanencia en el Centro las niñas se encuentran totalmente recuperadas, pero deben salir del lugar.

Lo penoso es que la vida que tienen que enfrentar no es fácil. La madre no tiene otra opción que regresar a su pueblo, donde las condiciones no son las mejores para su crianza, mas cuando es señalada y aborrecida por el padre.

Por eso, aunque para muchos esta es una situación cómica y generó muchos chistes a través de la prensa, se trata de un draman para sus protagonistas, a las que todas sus necesidades son por partida triple.

YANITZA FONTALVO
ESPECIAL PARA EL TIEMPO
VALLEDUPAR

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